viernes, 30 de agosto de 2002

Capítulo 1: Parte 3

Durante las guerras pasadas la enemistad rara vez ha sido absoluta: actos de violencia alternaron con relaciones de completa normalidad“ (Cora Stephan, ¿Qué es el Bien?)1

Bajo el signo de la eternidad, somos seres imperfectos. ¿Cómo encontrar la perfección?-- Sólo la muerte nos abre esta posibilidad.“
( Ernst Jünger, Octubre 15 de 1942 )2 

miércoles, 28 de agosto de 2002

capitulo 2: –¡Fritz, no te muevas !–

le aconsejó su compañero.
–Llevo tres semanas metido en esto, y todavía vivo.–
Estuvieron echados en el suelo y se arrastraron poco a poco por un claro de un bosque de pinos y abedules. Avanzaron lentamente, siempre atentos a posibles minas terrestres. Al mismo tiempo observaron la arboleda de enfrente. No sabían, si estaban ya bajo la mira de los partisanos. Así eran llamados. Sabían que estos los estaban esperando.
–Aquí hay una– dijo Fritz.
La hierba había comenzado a secarse ya. No hacía mucho que la tierra había sido movida y habían vuelto a colocar la hierba encima. Con la bayoneta quitaban la tierra prudentemente. Y ahí estaba, como un plato de color verdoso, poco apetitoso, una mina rusa. Podría ser también un ejemplar alemán o inglés. Todos eran parecidos. Su función primitiva era matar a los hombres o herirlos gravemente.
Fritz había descendido de la unidad motorizada, que usaba equipo mecánico pesado, a ser casi un perro. Su destino era olfatear y tentar para encontrar las minas enemigas, o frecuentemente las propias, para volverlas a enterrar posteriormente y preparar la muerte de otros. La ironía del caso era, que acababa de escaparse del mismo destino sólo unos pasos antes.

lunes, 26 de agosto de 2002

Capítulo 3: –Fritz, esto es increíble–

exclamó su nuevo compañero.
Fritz había compartido con él los elementos imprescindibles: el hoyo cavado en la tierra, la lona contra las lluvias y la ametralladora.
Pasaron verdaderas fortalezas de acero a su lado.
–Son los nuevos tanques Tiger, los que esperábamos.–

La superioridad numérica del enemigo había destrozado una y otra vez las defensas alemanas. Los restos siempre se reagrupaban y encontraban formas nuevas para retener la marea de los tanques T34 soviéticos.
El ejército soviético sufrió un desgaste similar al alemán anteriormente. Pero tenía suficientes reservas para reemplazar estas pérdidas. El precio para derrocar el nazismo alemán fue elevadísimo.

viernes, 23 de agosto de 2002

Capítulo 4: –¡Dawai, Fritz!

Entonces empezó a caminar sólo. Pronto se encontró con otros más, que marchaban sucios y derrotados al Este. Pasaban por ruinas y restos ardientes de vehículos; y veían una pancarta colosal con la imagen de Stalin y con una inscripción. Los vencedores la habían colocado en muchos pueblos conquistados:
Los Hitler vienen y se van, el pueblo alemán se queda“
Fritz no entendía esta frase, que en realidad resumía la intención de la política soviética de posguerra:
¿Sería ahora Alemania toda soviética? ¿Se cumpliría el ardiente deseo de Lenin casi treinta años después de la Revolución de Octubre?
Fritz se veía transformado en prisionero de guerra. Era un hombre sin nombre individual, sin características personales.
Su existencia no tenía importancia ninguna.

miércoles, 21 de agosto de 2002

Capítulo 5: –¡No es el fin, Fritz, salta!–

Fritz continuamente pensaba en esta frase, dicha a su pequeño hermano Walter hace tantos años para salvarlo.
El vagón de carga estaba repleto de prisioneros. Unos estaban de pie, otros acostados o sentados. El tren progresaba muy lentamente. Hacían el camino de regreso al Este por donde habían venido recientemente. Años antes, Fritz había ido por la misma ruta en medio de camiones y carros de combate. Aquella había sido una entrada triunfal. Ahora, la desesperación se había apoderado de los soldados alemanes prisioneros. Los restos del que había sido el ejército más potente de su tiempo, eran transportados como ganado a un lugar desconocido. El vagón tenía ventanas pequeñas, ventanas que estaban cerradas con alambres de púa. El camino al Este era penoso y , sobre todo, lentísimo. Durante su retirada, el ejército alemán había destruido cuidadosamente las vías. Ahora, otros alemanes, prisioneros y personas civiles, reclutadas a la fuerza, tenían que reparar las líneas. Esclavos bajo el látigo de los vencedores.
Los vagones estaban impregnados de desgracias y pasados horrores. Eran vagones alemanes que habían servido para la deportación de miles de personas a los campos de concentración y de exterminio. Sus tablas de madera laterales parecían recordar esto: Había inscripciones con lápiz, tiza y rayones hechos con las uñas de la mano. Se podían leer llamadas de socorro, despedidas y oraciones en todos los idiomas europeos.

lunes, 19 de agosto de 2002

Capítulo 6: –¿Dónde estoy ahora?–

Desde la lejanía le llegaban ruidos. Así que no estaba en una región totalmente despoblada.
Al salir del pinar a un claro del bosque, miraba hacia abajo:
–¡Maldito uniforme!– dijo y tiró la gorra militar.
Más adelante se abría el bosque y allí había una choza. Era una cabaña que con frecuencia se encuentra en las zonas boscosas para uso y servicio de los trabajadores. Se sentó detrás de un saúco para observar lo que pasaba en la cabaña. Para aliviar la sed se dedicaba a mascar las flores del arbusto. Parecía que detrás de la casa había un huerto. Las patatas todavía no podían estar para cogerlas, pero el puerro sí sobrevive al invierno. La boca se le hacía agua.
La cabaña tenía una chiminea y de ella salía un chorrito de humo:
–Hay gente–, decía.
Después vió a una mujer. La mujer tenía el pelo blanco y caminaba con dificultad sirviéndos de un bastón. No podía distinguir las facciones de su cara.
–Más vale seguir adelante– se decía
Después pensó en el huerto, y se quedó esperando a que llegara la noche.
Ahora veía que el techo de la cabaña estaba recien hecho. Además se veían los impactos de tiros en la pared blanca.
–Por aquí ha pasado la guerra– pensaba–. Mejor, me voy de aquí–. Pero se quedó...
Se imaginaba que podría comer rábanos, puerros lechugas, tal vez apio.
Desgraciadamente los días eran largos. Anochecía tarde y además había luna.
–Pero los de la cabaña dormirían pronto– pensaba y no se darán cuenta.

sábado, 17 de agosto de 2002

Capítulo 1: ¿Quiénes son nuestros enemigos?

¿Quiénes son nuestros enemigos?
Son aquellos que mantienen relaciones con círculos políticos occidentales, los que distribuyen material del enemigo, difaman la Unión Soviética y rechazan el carácter marxista - leninista de nuestro partido. De igual manera rechazamos a todos aquellos que impiden la estrategia marxista- leninista del partido de construir el „Frente Nacional“1 . Todos ellos deben ser detectados y excluidos.“2
Nota preliminar:
Fritz había regresado a Alemania y se encontraba en la Zona Americana viviendo en la casa de su hermano menor Alfred. Su hermano había llegado a Frankfurt en el año 1932 para trabajar en una de las grandes empresas hortículas que rodeaban esta ciudad importante de la región de Hessen. Después de aprender el oficio en la casa noble en Beesenstedt, un largo peregrinaje lo había llevado a muchas regiones en Alemania. No era por la necesidad de encontrar trabajo, sino la curiosidad de conocer nuevas situaciones y de aprender más en su oficio. Alfred siempre decía que el trabajo nunca le faltaba y que en su vida no había estado un solo día parado sin trabajo.