“Así cómo extinguen una tras otra las generaciones humanas, la fama existencial de los pueblos se pierde. Sin embargo, cuando marchita cada flor, cuando merced a las tormentas de los tiempos se pierden las obras magníficas del arte, comienza entonces nuevamente la vida eterna. La fértil naturaleza hace brotar nuevos capullos, despreocupada de la mano dañina del hombre (dañina, jamás moderada) que tritura los frutos cuando se maduran.”
(Alexander von Humboldt, Ataruipe)[i]

