de Hermann Hesse
Tal como toda
flor marchita y muere,
y toda juventud
cede a la vejez,
nacen y renacen
sabiduría y virtud
para cada
tiempo, y nada debe durar siempre.
Dispuesto ha de
estar el corazón
para despedirse
y comenzar de nuevo,
valeroso, sin
duelo alguno
iniciando otro
ciclo.
Y cada inicio
contiene una magia
que nos protege
y ayuda a vivir;
alegres
atravesemos las etapas vitales,
sin entender ninguna como Patria.
El gran
Alma del Mundo no nos aprisiona,
nunca quiere maniatarnos,
desea ensanchar
nuestro horizonte
a través de
cada paso que damos.
Acomodados en
un solo espacio de vida
suele
visitarnos el cansancio;
dispuestos para
partir y viajar
escapamos de
quedar petrificados.
Quizás, la hora
de nuestra muerte
será también el
inicio de otra etapa
jóven y
renovada.
La vida siempre
nos nombrará,
y nada termina
definitivamente.
¡Adelante
corazón, despídete,
sana y renace!
(traducción: peter/oeding)