Johann Wolfgang Goethe, El Viaje a Italia
Die italienische Reise
Rom, 1. November 1786
“Ja, ich bin endlich in dieser
Hauptstadt der Welt angelangt! Wenn ich sie in guter Begleitung, angeführt von
einem recht verständigen Manne, vor funfzehn Jahren gesehen hätte, wollte ich
mich glücklich preisen. Sollte ich sie aber allein, mit eignen Augen sehen und
besuchen, so ist es gut, daß mir diese Freude so spät zuteil ward.
Über das Tiroler Gebirg bin ich
gleichsam weggezogen. Verona, Vicenz, Padua, Venedig habe ich gut, Ferrara,
Cento, Bologna flüchtig und Florenz kaum gesehen. Die Begierde, nach Rom zu
kommen, war so groß, wuchs so sehr mit jedem Augenblicke, daß kein Bleiben mehr
war, und ich mich nur drei Stunden in Florenz aufhielt. Nun bin ich hier und
ruhig und, wie es scheint, auf mein ganzes Leben beruhigt. Denn es geht, man
darf wohl sagen, ein neues Leben an, wenn man das Ganze mit Augen sieht, das
man teilweise in- und auswendig kennt. Alle Träume meiner Jugend seh' ich nun
lebendig; die ersten Kupferbilder, deren ich mich erinnere (mein Vater hatte
die Prospekte von Rom auf einem Vorsaale aufgehängt), seh' ich nun in Wahrheit,
und alles, was ich in Gemälden und Zeichnungen, Kupfern und Holzschnitten, in
Gips und Kork schon lange gekannt, steht nun beisammen vor mir; wohin ich gehe,
finde ich eine Bekanntschaft in einer neuen Welt; es ist alles, wie ich mir's
dachte, und alles neu. Ebenso kann ich von meinen Beobachtungen, von meinen
Ideen sagen. Ich habe keinen ganz neuen Gedanken gehabt, nichts ganz fremd
gefunden, aber die alten sind so bestimmt, so lebendig, so zusammenhängend
geworden, daß sie für neu gelten können.”

“Sí… ¡por fin he llegado a la
capital del mundo! Si hace quince años hubiera visto lo que hoy veo y en
compañía de un hombre bien instruido, me habría llamado feliz. Ahora he de
verlo yo a solas, con mis propios ojos y así está bien, considero una fortuna
recibir esa tardía alegría.
He atravesado los Alpes sobre el
Tirol, casi volando. Visité a fondo Verona, Vicenza, Padua y Venecia ; Ferrara,
Cento, Bologna sólo de paso y a Florencia no la vi. El deseo de llegar a Roma era
tan grande que solamente me detuve dos horas en Florencia. Ahora aquí estoy y
me siento tranquilo y en paz para todo el resto de mi vida. Porque así es cómo
comienza una vida nueva, cuando se ve directamente lo que ya se conocía en
parte, casi de memoria. Todos los sueños de mi juventud ahora los veo
cumplidos; ahí están los primeros retratos grabados en cobre que yo recuerdo…
(mi padre los tenía colgados en su antesala, presentes en los prospectos de
Roma que poseía). Y ahora estoy viendo lo que durante tantos años ya había
conocido, pintado y grabado sobre cobre y madera, en yeso y corcho. Frente a mí
está todo reunido. Por donde camino, todo es conocido y todo es nuevo; cuando
algo encuentro en este nuevo mundo es tal como lo esperaba, sin embargo todo es
novedoso.
Igual puedo afirmar sobre mis observaciones y mis ideas: no he tenido
ningún pensamiento totalmente nuevo, no encontré nada extraño, pero los
conceptos ahora son tan precisos, definidos y coherentes que valen por nuevos.”