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sábado, 17 de agosto de 2002

Capítulo 1: ¿Quiénes son nuestros enemigos?

“¿Quiénes son nuestros enemigos?
Son aquellos que mantienen relaciones con círculos políticos occidentales, los que distribuyen material del enemigo, difaman la Unión Soviética y rechazan el carácter marxista - leninista de nuestro partido. De igual manera rechazamos a todos aquellos que impiden la estrategia marxista- leninista del partido de construir el „Frente Nacional“1 . Todos ellos deben ser detectados y excluidos.“2
Nota preliminar:
Fritz había regresado a Alemania y se encontraba en la Zona Americana viviendo en la casa de su hermano menor Alfred. Su hermano había llegado a Frankfurt en el año 1932 para trabajar en una de las grandes empresas hortículas que rodeaban esta ciudad importante de la región de Hessen. Después de aprender el oficio en la casa noble en Beesenstedt, un largo peregrinaje lo había llevado a muchas regiones en Alemania. No era por la necesidad de encontrar trabajo, sino la curiosidad de conocer nuevas situaciones y de aprender más en su oficio. Alfred siempre decía que el trabajo nunca le faltaba y que en su vida no había estado un solo día parado sin trabajo. 

viernes, 16 de agosto de 2002

Capítulo 2: –¿Pero Fritz, qué harás ahora, cómo piensas seguir?–

le preguntó su hermano Alfred.
Después de haber intercambiado abrazos, saludos, felicitaciones por haber sobrevivido, pronto volvieron las ocupaciones y las preocupaciones de la vida diaria.
–Fritz, si te quedas aquí con nosotros, tienes que darte de alta en el registro civil. Necesitas una cartilla de racionamiento.–
La familia vivía muy cerca de la capital de Frankfurt. Pero en el campo. Había una huerta y un establo lleno de animales, gallinas y conejos, además de dos cabras. Pero de todo había escasez. La gente de la ciudad pasaba hambre. Las raciones oficiales eran mínimas.
Alfred, el hortelano, no había podido encontrar trabajo en la industria metalúrgica donde había trabajado antes de la guerra.
–Están desmontando todo lo que no han destrozado las bombas. Se lo llevan a Inglaterra– comentó a Fritz.
–Menos mal que tienes un oficio que en tiempos malos siempre alimenta la familia– contestaba Fritz.
–Y tú también. Están removiendo los escombros, Fritz, para tí también hay trabajo.

jueves, 15 de agosto de 2002

Capítulo 3: –¡Anda, Fritz, firma el formulario!–

dijo el padre y le pasó los papeles que él mismo había rellenado ya con anterioridad. Habían conversado sobre ello, tanto en la casa como en el ayuntamiento:
–¡Solicítalo, hazte miembro del partido.
El partido era SED : el Partido Socialista Unificado Alemán. Comunistas y Socialdemócratas habían decidido cerrar la brecha histórica que los separaba y fundir sus organizaciones. Esto había sucedido bajo la fuerte presión de la Unión Soviética, y solamente se podía realizar en la zona de su ocupación.
La unión había sido manipulada: pues sólo una minoría estaba detrás de este supuesto deseo de superar las diferencias del pasado. Tanto de un lado como del otro, siguieron el recelo y la desconfianza.
La Socialdemocracia alemana había sido la fundadora de la Democracia Parlamentaria en Alemania. Y tanto los comunistas como el movimiento nazi habían declarado la guerra al sistema parlamentario. Por supuesto, no conjuntamente, pero bien separados y cada uno por su lado habían atacado el enemigo común.

miércoles, 14 de agosto de 2002

Capítulo 4: Fritz tembló de ira,

cuando leyó las instrucciones que acabó de recibir de la administración de la empresa:
–¡Eliminar la vía totalmente!– leyó en voz alta–. Así que mi intervención no sirvió para nada.
La dirección había tomado una decisión distinta de la del técnico. Este se enfrentaba directamente a la obra y veía los problemas y las complicaciones.
La empresa “VEB - Bau“ había reunido legalmente lo que había quedado de varias empresas privadas de esta región. Un plebiscito en favor de la transformación de las empresas en “propiedad del pueblo“ había sido la base de la expropiación.
A Fritz, en un principio, esto le pareció bien y lo consideraba razonable. Algunas empresas eran ruinas, nada más. Solamente las inversiones públicas eran capaces de levantar este sector. Era preferible concentrarlas en una sola empresa y no regarlas sin control ni garantías. Fritz ocupó el mismo puesto que había tenido anteriormente.
Ya no dependía de la voluntad y del capricho de una familia como los Balken, ahora tenía que tratar con una administración anónima y burocrática. Nuevas dificultades se presentaban por la lentitud de todos los procesos y el inmenso papeleo que ahogaban el trabajo real.

martes, 13 de agosto de 2002

Capítulo 5: –Fritz te presento al coronel Klimoff –

dijo la mujer joven vestida de verde con el pelo de un tono rojizo. Fritz saludó al oficial ruso, que era un hombre ya entrado en años, y luego se dirigió a la señora:
–Y usted es Doris Fischer de Halle. Hace ya muchos años que tuve el placer de conocerla.
–Tienes una memoria fabulosa– contestó la señora.
–He recordado bastante tiempo nuestra conversación de hace casi diez años. También mi padre me ha comunicado que usted vive otra vez en Halle.
Sus visitantes le habían encontrado en medio de su trabajo. Fritz estuvo ayudando a un grupo de mujeres jóvenes a mover una carretilla cargada de gravilla. Después de haber arrancado los rieles de la vía, trataron de conservar todo para su posible reutilización.
“¿Qué querrán estos visitantes?“, se preguntó Fritz.

lunes, 12 de agosto de 2002

Capítulo 6: –Fritz, imagínate,

a tu padre le han relevado del puesto de alcalde en Mühlbeck–, así le saludó un día Kaethe, cuando Fritz llegó a casa.
–¿Quién te lo ha dicho?– preguntó Fritz.
Kaethe contestó que Gertrud había estado aquí, pero no había querido quedarse:
–Estaba nerviosa, loca perdida– dijo Kaethe.
Parece que su padre no había previsto nada de esto. Fritz se puso muy inquieto y pensó en hacerle una visita el domingo siguiente.
–Ahora será pensionista definitivamente. ¿Qué más quiere?– Kaethe no apreciaba a su suegro.

domingo, 11 de agosto de 2002

Capítulo 7: –Friedrich Peter, ¿quién habla aquí de culpa?

No aguanto más esta fraseología burguesa. Aquí se le exige, que usted comprenda que está equivocado.
Fritz estuvo sentado incómodamente al filo de la silla. Tuvo la cabeza agachada y se sintió cansado. El hombre enfrente de él, se había echado atrás y lo miró con enfado. La mesa de escritorio que separaba a los dos, estuvo cubierta de papeles en desorden y de lápices. La tapa de la mesa estaba rayada con los bordes de hierro gastados que brillaron bajo la tibia luz del invierno que entró a través de las rejas de dos ventanas.
–La guillotina– murmuró Fritz.
–¿Qué dice?– sonó la voz del hombre de enfrente, que con su cara ancha y cuadrada se parecía mucho a la fotografía que colgaba en la pared: Ernst Thälmann1 . Estaba puesta en el mismo lugar donde hace poco había otra cara:
–Hermann Göring2– murmuró Fritz.
–¿Qué dice?– el hombre levantó la voz.
Fritz no contestó. En realidad no sabía, quién era este hombre, si era fiscal o policía. Este interrogatorio había durado ya unas horas. Así le parecía a Fritz.
Si el Thälmann de la foto se quitara el gorro, sería idéntico a ese “Thälmann“ que lo estaba interrogando.

sábado, 10 de agosto de 2002

Capítulo 8: –Friedrich Peter, le hacemos una propuesta –

dijo el director de la prisión en Bautzen a donde había sido trasladado. Ahora vistió de gris como todos los presos y se había presentado ante el director.
El director continuó:
–Usted se ha comportado correctamente aquí y ha podido disfrutar de todas las ventajas que normalmente se les otorga a los presos, después de haber cumplido una parte mayor de la sanción.
Su esposa ha podido escribir e inclusive ha podido visitarle. Creo que también está autorizada a quedarse en la vivienda familiar.
–¿Qué quiere usted proponerme?– le interrumpía Fritz que se había puesto inquieto. Le era familiar el lenguaje que usaban sus carceleros. Una introducción así, no prometía revelar nada de bueno.

viernes, 9 de agosto de 2002

Capítulo 9: –Mister Peter, how did you cross the border?

–¿Cómo ha cruzado ud la frontera?– le tradujo el intérprete.
Fritz se había presentado en el centro de refugiados en Berlín occidental. Desde allí lo habían llevado donde los Americanos. Esto era el camino normal en los casos como el de Fritz. Los fugitivos que huían de la persecución política, buscando la libertad antes que el bienestar occidental, llamaron la atención y también despertaron la desconfianza de los poderes occidentales. Eran los tiempos de los Servicios Secretos y de sus agentes y espías. El oficial americano que le interrogó, era con seguridad un miembro de la CIA.
Fritz no podía contar mucho más de lo que los Americanos sabían ya. Estaban informados sobre todo lo que pasaba en Aue. Los informes de Fritz indicaron que se estaba intensificando la producción de uranio. De eso se podía sacar la conclusión de que la industria atómica soviética se encontraba en expansión. También era conocida la opinión general de la población alemana en la RDA. La oleada de fugitivos no paraba. Por el momento, las autoridades soviéticas y alemanas no tomaban medidas enérgicas para impedirlo. La construcción del muro de Berlín1 tardó todavía.

miércoles, 7 de agosto de 2002

Epílogo

De la tierra llena de vientos fríos,
Os vais cubiertos de heridas.
Casi todos habéis amado vuestras vidas,
Arrastrados como piedras en el lecho de los ríos.
( Variación de un poema de Bert Brecht )