<<Im
Spiegel>>
Mirándome
en el espejo –
dice el escritor premiado con el Nobel de Literatura – siento
verguenza, porque tengo que confesar que soy un fracasado escolar. No
soy bachiller, ni siquiera llegué a Prima del Gymnasium.
Ya en Sekunda fuí perezoso, indócil odiando todo aquello. Los
profesores de este famoso venerable instituto me odiaron y tuvieron
toda la razón, porque según su experiencia y con toda probabilidad,
lo que me esperaba era el fracaso. Sin embargo, gocé de cierto
renombre ante algunos compañeros por motivos indefinidos. Finalmente
me dieron el certificado que me otorgaba el deseado privilegio de
prestar sólo un año de servicio militar.
Y con eso salí y me trasladé a Múnich, donde mi madre se había
mudado después de la muerte de mi padre, un importante empresario de
importación de trigo en la ciudad de Lübeck.
Y me coloqué como Volontär
en una oficina de seguros contra incendios para evitar hacer lo que
más me hubiera gustado: no hacer nada.