Carta dirigida a Adam Kober, soldado de
infantería bavara, herido de gravedad durante las últimas campañas ofensivas de
1918 y muerto como prisionero de guerra en un hospital de Rennes (Francia)
cuando finalmente callaron las armas en noviembre 1918.
Querido Adán,
tú ya estás muerto desde hace muchos años. Pero
te escribo esta carta porque te conozco.
Te he conocido desde que yo era pequeño. No te
extrañe que te escriba en español. Así me comunico ahora, y para los muertos
los idiomas ya no tienen importancia. Estoy convencido que entendeis más que
nosotros los vivos.