Había
pinchado una patata en el tenedor y se movía con ella alrededor de
la mesa de la cocina. la lámpara encima de la mesa representaba el
sol. Dándole vueltas a la patata bajo la luz tibia, esta pesentaba
un lado iluminado u otro oscuro:
–Veis,
ahora es de día, y ahora de noche– explicaba.
Los
hemanos seguían masticando.
–Menos
mal que nosotros estamos arriba–, observó Martha.
–Tonterías–
gritó Gertrud –. Eso de arriba y abajo no existe. Todo es arriba y
abajo al mismo tiempo.
–Claro,
porque todo se mueve y da vueltas como las ruedas– dijo Kurt.
– Las
piedras más pesadas se mueven– agregó Fritz.
–¿Y
la cinta rodante?– preguntó Martha.
Todos
se callaron.