Cinco años después de la orgia devastadora que había devorado Berlín,
en el año 1950 fueron deribados los muros y edificaciones que quedaron del
Palacio Real.
Cierto es que Berlín es más que su Palacio, pero sin él ya casi no es
nada.
Las bombas de los americanos no habían podido acabar con lo que durante
siglos había sido edificado. La obra había comenzado en 1570 y alcanzó su punto
culminante en 1699 con el arquitecto Andreas Schlüter. Pero sólo en 1850 con el
diseño de Schinkel encontró su carácter
sobrio y noble que duraba hasta que le cayeron las bombas. Podía haberse
restaurado lo que quedó, porque parcialmente fue usado después, pero la
voluntad política era totalmente contraria.