jueves, 3 de diciembre de 2020

Heimat - (Algunas aclaraciones)

                                  

 

Este término de la lengua alemana en el fondo no tiene referente; por ello no es traducible en otra lengua (tal cosa la he leído varias veces). Su esencia la llevamos dentro; lo ocupamos, lo vivimos; también lo sufrimos. Todos hemos tenido esa experiencia. Naturalmente es privilegio y castigo de los que somos sensibles, raros y diferentes de otros. La masa humana lo olvida y cierra las ventanas para no oír los ruidos callejeros. Son felices, supongo.

Poco tiene que ver con “Vaterland”; la patria y el patriotismo tienen otro origen. Tales son imposiciones forjados desde intereses colectivos, capaces de estimular reservas sentimentales, nostalgias y fanatismos políticos o sociales, y, créanlo, abriendo la opción de ofrecer las vidas. Patrias son etiquetas. Mi experiencia personal me ha causado un profundo desafío frente a esos predicamentos y sus predicadores. Detrás del “patriotismo” se esconden egocéntricas y cortas visiones: la envidia e incluso el odio. Y en máximo grado la simple ignorancia, la estupidez coronada de felicidad.

No he conocido a ningún patriota de cualquier nación que no haya usado esa mentalidad patriótica para esconder o proteger detrás rabias o egoísmos e instinto de superioridad.

Los patriotas suelen justificar sus instintos de xenofobia, de racismo y de soberbia.

Son estos los peores ingredientes de la era moderna.

(¿Qué buscaron los alemanes en Stalingrado? O ¿Qué hacen los americanos en el Oriente Medio?)

“Allons pour mourir un peu”cantaron mis queridos amigos franceses cuando los mandaron como soldaditos a Argelia para matar a argelinos o para “Mourir un peu”, en la Guerra de Argelia)

Yo sé que son elementos de fuerte enraizamiento en las sociedades modernas.Pero aún espero que la reflexión y el conocimiento al menos sean capaces de provocar una reducción para llenar las mentes estrechas de mayorías reinantes.

¡Yo no! Mi horizonte es otro. Mi HEIMAT es lo que me acompaña

 

manfred y ana diciembre 2020

Heimat - La Bayoneta -

                                     

 

-¡Corre, corre! – grité; y huimos corriendo, Kurt y yo.  

Detrás. Con igual velocidad dos jóvenes del pueblo vecino corrían tras nosotros. Proveníamos de dos pueblos pequeños, dos pueblos que se odiaban con jóvenes que se perseguían.

 

…Manfred y Kurt se habían atrevido a cruzar la línea de separación invisible que separaba unos de otros. Pisar tierra ajena, era arriesgarse a ser perseguido, expulsado, castigado o… ¿qué más podría ocurrir? La guerra de los adultos era reciente, Los jóvenes la imitaban.

Los perseguidores iban bien armados -pocos meses habían pasado después de terminar la última batalla- , además eran mayores y  llevaban bayonetas halladas entre la maleza del bosque.

 

Corrimos para escapar cuando uno de ellos sacó el arma, en blanco y me la tiró desde atrás. La bayoneta alemana era un cuchillo pesado. Aterrizó a mi lado en la tierra. Llenos de miedo y exhaustos llegamos a nuestra casa. No conté nada de eso porque me tenían prohibido pisar aquel terreno salvaje. Ahí poco después morirían tres niños al tratar de desactivar una mina antitanque. (Escribí sobre ello en un relato anterior)

Aún hoy no puedo pensar sobre ese evento sin sentir una fuerte sacudida de miedo y terror. ¡Tantos años después! Es una falacia opinar que la gente deseaba la paz. Cierto es que estuvieron buscando cualquier oportunidad para continuar la guerra. No había ningún motivo ni causa. En aquel bosque no estaba escondido ningún tesoro. Era pura curiosidad. Para ejercer la violencia no es necesario ningún argumento.

Pero eso es parte de mi “Heimat”, el mundo en el que nací y crecí.

 

manfred y ana diciembre  2020

 

 

  

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Heimat - Valquirias

        Heimat

          Valquirias

No las he visto, pero las he sentido, oído. Sus carcajadas son estridentes, agudas, amenazantes. Me las imagino feas, con alas de buitre. Caminan saltando sobre los campos de batalla durante siglos. Esperan el trueno de cañones, carne fresca humana.

¿Cómo las encontré?

Nuestro tour en bicicleta nos llevaba al sur de Alemania. Fuimos tres. Tenía que ser así porque sólo así se podía montar la tienda de campaña. Cada uno llevaba una lona alquitrana triangular de la Wehrmacht – herencia de familiares – con diseño de camuflaje. Se pegaban con botones y precaria hecha estaba la protección de la infantería alemana. No recuerdo de dónde procedió la mía. Pues no fuimos amigos. Yo, Friedrich Manfred fui el iniciador, sólo yo era el “Wandervogel”; sus principios me acompañan hasta la actualidad.

No recuerdo exactamente donde pasó. La noche se acercaba y nuestro nido no estaba aun hecho. Campings aún eran escasos. No habíamos encontrado ninguno. Y ahí estaba un extenso terreno poco arbolado.

-¡Aquí nos quedamos!-

Dije yo. 

Por ahí se acerca un frente de tormenta y lluvia. Logramos colocarnos. Pude rodear la tienda improvisada con una zanja y nos echamos a dormir sobre una capa de paja seca que logramos arrancar.

Y comenzó una danza de rayos y trueno, un viento inusual y fuerte casi arrancó esa tienda. 

¿Dormimos?

Yo no, al menos no me parece, porque las sentí, las oí, sus carcajadas  acompañaron los rayos. Por ahí anduvieron, sus alas negras rozaron las telas de la tienda.

Yo agarré fuertemente el puñal que llevaba.

¿Dónde nos habíamos metido?

Me pareció escuchar gritos. ¿Era eso un campo de batalla histórico? ¿Nordhausen?

Suecos y españoles enfrentados dejaron ahí sus muertos trescientos años atrás por el poder, por la religión, por el botín el saqueo y el robo.

En el subsuelo estarían sus restos. Pero las Valquirias riendo a carcajadas. Son inmortales. Solamente yo, el Wandervogel las había oído, aunque por la mañana todo parecía que nada hubiese ocurrido.

Los amigos’ habían quedado dormidos, querían volver a casa lo más pronto posible. Se asustaron. ¿Ha sido eso el brote de impresiones de bombas que cayeron y de violencia reinante en la infancia mía? Yo vivo obsesionado con el  tema de las guerras.

Yo, desde entonces me atrae y temo la historia. Esa visión forma parte de mi “Heimat”. Solamente y exclusivamente mía.

 

manfred y ana diciembre 2020

 

  

miércoles, 25 de noviembre de 2020

"HEIMAT"

“Heimat”

   Abajo están las vacas – Arriba estoy yo. A través de las rajas entre las tablas suben sus olores, los ruidos permanentes de tinglado de las cadenas, el olor de sus cacas.

Yo duermo sobre un saco llenado con paja. El establo está al lado de la cocina de la casa del pequeño campesino Edmund. Hay tres o cuatro vacas y un buey y este había provocado un accidente espectacular una vez. Después de soltarse de la cadena había penetrado en la cocina y allí por su peso había al partir la puerta al sótano y se había caído allá abajo. Allí lo habían tenido de sacrificar porque nadie lo podía subir. Además estuvo malherido. Me lo han contado como el evento más dramático de sus vidas. La carne no se la pudieron comer, fue requisada. 

Por Thulba no pasaban ni vientos, ni temporales; y siempre hacía frío que a mi no  importaba encima del saco de paja y rodeado del vapor de las vacas, nada me molestaba.  ¿Por qué estuve yo allí?

Pues sobre la ciudad de Frankfurt caían las bombas americanas e inglesas preparando la invasión. Pero yo Friedrich Manfred en la aldea de Thulba estuve en seguridad. Mi abuelo me había llevado en un largo viaje en tren y las vacas me protegían. Efectivamente, las vacas fueron fieles compañeras. No aprendí a ordeñarlas pero les di de comer; les puse el yugo para tirar de la careta, aprendí a usar la guadaña para cortar el pasto y hablé con ellas. Fueron miembros de la familia. De la Guerra nada supe. A veces muy alto pasaron flotas de bombarderos; Edmund los ignoraba. A veces abajo pasaron mensajeros temidos con mensajes de condolencia: Fulano, otro más, había muerto por la patria en la Rusia lejana.

¿Qué me importaba? Nunca lo había conocido. Tampoco sabía nada de Führer, de Reich. Aquí nadie nada sabía. No había radio, ni electricidad. Las mujeres siempre vestían de negro. El agua se cogía de fuentes en las calles que se cubrieron de fango rojo cuando llovía.

Se puede decir que yo aun vivía en la Edad Media. El pan nuestro de cada día se hacía en casa y se horneaba en el horno público, panadero no existió.

Pan era el alimento principal, grande redondo como una rueda y duro finalmente para tener que mojarlo para poderlo consumir.

Cuando llegaron los tanques americanos yo no estaba allí en Thulba. No puedo relatar lo que no presencié. Con los americanos llegó la luz eléctrica y se secaron las fuentes. Poco a poco desaparecieron las carretas tiradas por las vacas; Edmund fue uno de los últimos. Nunca aprendió a manejar un tractor. Las calles lucen asfaltadas y las peces del río murieron ahogados entre espumas.

“Heimat” – no se, se perdió. ¿Para qué se quería? –Patria del Alma -

 manfred y ana   noviembre  2020 

"Heimat" - ¡Reza!

“Heimat-  

        ¡Reza!”

¡Reza un Padrenuestro!-

Me dice el abuelo.

-Porque hoy somos peregrinos.-

Estamos subiendo la montaña del Kreuzberg en la Rhön alemana. Lentamente caminamos desde la aldea de Weissbach por caminos tortuosos. La vegetación se hace cada vez más escasa, los árboles, pinos prinpcipalmente, más bajos son; finalmente .

Al fin hemos llegado, la mirada pasa por una altoplanicie cubierta por una densa capa de hierbas y muzco. No se percibe actividad humana. Un viento frío en pleno verano nos saluda. Ahí lejos está ‘Die Wasserkuppe’ la segunda elevación de tierras hundidas en la soledad.

Yo se que ahí había unos beneficiados de la ‘Hitlerjugend’ aprendiendo a manejar aviones planeadores. Pero a mi me espera un pan con mantequilla y un jarrón de cerveza grande en el monasterio de franciscanos. Casi me emborracha; y aguantamos hasta que fuese capaz de iniciar el regreso al pueblito de Weissbach. Este fue el pueblo que mi abuelo siempre añoraba. La ciudad de Frankfurt era un lugar de exilio para el niño huérfano que fue. Hermanos vivieron diseminados por el mundo: Suiza y América. La región de la Rhön producía emigrantes y pueblitos con nombres tan exóticos pero dicientes insinúan una explicación: “Sterbfritz” ( -¡Muérete Fritz!) o “Sparbrot” (¡Ahorra el pan!) y dan una explicación. Pero el campesino familiar del abuelo vivió en relativa abundancia: al lado de tres vacas había un caballo y yo me acosté en una cama cubierta con sacos de plumas de gansos. Había un granero cargado de cosechas, de paja y de hierba seca, reservas para el largo invierno. Se fabricaba agua ardiente y se hizo pan en el horno público.

Y este granero se volvió lugar de refugio para refugiados de la más diferente procedencia:

 Fuera del pueblo había una pequeña fábrica de pistolas. Hacia el final de la Guerra lograron escapar presos políticos, luego llegaron prisioneros de guerra americanos y posteriormente algunos miembros de la SS Nazi. Uno de ellos ‘Arno’, un muchacho joven se quedó a trabajar y para salvar su pellejo se alistó en el cuerpo de la Legión Extranjera francesa. Combatió en Vietnam me dijeron y se quedó en Francia a vivir. 

Apreciado lector, las cosas son muy complicadas, o al menos más que los libros de colegio y las series americanas relatan.

Y llegaron días que no fuimos peregrinos, nos dedicábamos a actividades prohibidas. En Frankfurt escaseaba la alimentación y en Weissbach estaba disponible el pan y también la carne y la variada chacina. La marginación y la relativa pobreza tendrían sus ventajas, pienso yo.

Las autoridades se interesaban por el ‘progreso’. Al abuelo y a su nieto no le interesaba eso. El abuelo sabía que el tren seria revisado y requisarían lo que llevábamos; por eso nos bajábamos un una parada anterior y seguíamos en el próximo. Una revisión no se repetiría; la policía también se cansa.

Hoy confieso lo que nunca hice antes. Maestros y profesores me han ilustrado. 

 

friedichmanfred y ana noviembre 2020

 

 

  

domingo, 11 de octubre de 2020

Quiero subir a las montañas

  

Quiero subir a las montañas/ Donde están las cabañas pacíficas / Donde el pecho se abre al viento / y donde corren los aires libremente /”

 

En el otoño de 1824 el estudiante Heinrich Heine subió a las montañas del ‘Harz’en el centro de Alemania. La ubicación del sitio es relativamente cercana a la ciudad universitaria de Göttingendonde el joven Heine buscaba iniciar una vida profesional: ¿abogado… docente? ¿Qué sería de él? 

Joven, rebelde, hijo de familia judía. En vano había intentado sacudirse de eso como de un destino fatal en la sociedad aquella; tanto que un tal Harry se había bautizado y transformado en ‘Heinrich’.

De nada le sirvió esta mudanza o cambio de etiqueta. La ‘Libertad’, el grito soberbio de la Revolución, quedó atrás marcada por el tiempo romántico de la ‘Restauración’.

Y atrás se quedaron los salones de la universidad, las calles pobladas por una mediocre burguesía que buscó provecho de esos nuevos tiempos restaurados.

Nosotros identificamos a este escritor como el exilado de Paris. En realidad vivía subvencionado por el mecenazgo del tío Salomón, banquero de Hamburgo:

“Si hubieses aprendido un oficio serio, no tendrías que hacer estos libros inútiles.” Así le dijo el tío. ¿Eran inútiles”? Jaa…la ‘cumbre’ misma de la lírica alemana. 

Toda su contradicción se denota en aquella salida de la ciudad y en la subida a la montaña de. Esa montaña tiene una superficie romántica y debajo se extiende una red de túneles y minas hechas para buscar plata. (Todo eso muy importante antes del ‘Potosí’ americano).

El efecto de esa subida en tiempos de Heine se hizo psicológica. Con las minas de plata y de cinc y estaño agotadas ¿Qué ha quedado?

Dan ganas de repetir este viaje que hizo Heine. ‘Ahí arriba debe estar la verdad, la salud, el bien.’ Claro está que yo ya no subiré a ninguna montaña. No contemplaría el mediocre activismo de hormigas humanas; olvidaría todo lo que me aflige. Por momentos se borraría la distancia entre lo soñado y lo vivido.

 

La ciudad de Göttingenno valía la pena: “caballeros elegantes, damas excelentes”. Todos ellos carecen de autenticidad. Son copias sociales. ¡Hay que marcharse! 

 

La minería museal es apenas una reliquia histórica. La evolución ha borrado su actividad; queda lo que aun existe: el turismo nostálgico. El Rey de Hanover se dejaría celebrar ahí por súbditos obedientes Y después de la derrota alemana en el año 1945 el Ejército Soviético instaló en lo alto de Brockenun gigantesco centro de escuchas y de espionaje. El tren idílico que sube a los turistas actualmente sugiere un tren de maravillas exóticas que acaba en salchichas asadas.

Yo subo a la montaña, pero mi montaña ya no existe.

 

f….. y anavictoria    octubre  2020

 

 

 

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

"Anhelamos el poder" / "Wir gieren nach Macht"


 

 “Y lo tomamos donde se encuentre. Ya sabremos qué hacer con eso. Cuando se nos presente una oportunidad de entrometernos, allá vamos. Nos sentimos suficientemente fuertes para imponer nuestra voluntad. Y una vez que alguien resulta enredado con nosotros, pegado a nosotros permanecerá. No se librará más nunca.” Dr. Goebbels en 1929    

 

“Nadie entenderá que somos algo realmente ‘Nuevo’. Que no se nos compare con otros partidos políticos. Nuestra meta es disponer de la totalidad del estado, nos pertenecerá todo el poder para lograr nuestro objetivo”. Dr. Goebbels 1932

    

“Si tuviéramos el poder una vez nunca más lo cederíamos; como no sea que nos saquen muertos de nuestros oficios. Esa es nuestra resolución.” Dr. Goebbels 1932

 

Hace algunos pocos días un grupo de neonazis con las banderas del Reich desaparecido en el año 1918 trató de asaltar el edificio del Reichstag, sede del Bundestag, parlamento de Alemania en Berlín. Varios cientos de personas se habían adueñado de una marcha de protesta contra las medidas promocionadas por el gobierno de Merkel para limitar la difusión del coronavirus en Alemania.

Los nazi lograron ponerse en frente logrando superar la protección que imponía la policía a la sede del la democracia alemana. Se transformó en un asalto al mismo corazón democrático del país.

Tienen que tocar todas las alarmas. La democracia está en peligro. 

 

Como Jacobino, YO reclamo un levantamiento general (Levée en Masse)contra esa pandemia política, mucho más peligrosa que la viral.

 

Basta echar una mirada atrás y observaremos cómo se parecen los escenarios. Un tal Goebbels no escondió la táctica y los métodos de proceder. Todo está bien documentado. El Reichstag ardió, se quemó lo que había nacido como la alternativa democrática de la nación.

Los nazi actuales no habrían venido en plan de incendiarios. Sin embargo, pirómanos sí son. Y ellos sabían que las democracias, especialmente la alemana son inflamables. Y si nadie se pone delante, este palacio otra vez arderá.

Este “Sturm auf den Reichstag” ha de ser el acto simbólico del deterioro de la democracia ante sus enemigos. Se regó la increíble noticia que ‘el amigo Trump’ había llegado a Alemania para ‘liberar el país’.

 De todo ese concierto de noticias falsas o locas, sacamos la única conclusión: La gente bien del país póngase firme ante la evidente  salida de las alimañas de sus madrigueras.

 

f….. y anavistoria   septiembre  2020