<<Im Spiegel>>[1]
Mirándome en el espejo –
dice el escritor premiado con el Nobel de Literatura – siento verguenza, porque tengo que
confesar que soy un fracasado escolar. No soy bachiller, ni siquiera llegué a
Prima del Gymnasium[2]. Ya
en Sekunda fuí perezoso, indócil odiando todo aquello. Los profesores de este
famoso venerable instituto me odiaron y tuvieron toda la razón, porque según su
experiencia y con toda probabilidad, lo que me esperaba era el fracaso. Sin
embargo, gocé de cierto renombre ante algunos compañeros por motivos
indefinidos. Finalmente me dieron el certificado que me otorgaba el deseado
privilegio de prestar sólo un año de servicio militar[3].
Y con eso salí y me trasladé a Múnich, donde mi madre se había mudado después
de la muerte de mi padre, un importante empresario de importación de trigo en la ciudad de Lübeck[4].
Y me coloqué como Volontär[5]
en una oficina de seguros contra incendios para evitar hacer lo que más me
hubiera gustado: no hacer nada.