La imagen del aristócrata prusiano ha sido difundida por el mundo a
través de la caricatura que el
inolvidable actor Erich von Stroheim
imprimía en numerosas películas de Hollywood.
Al público ameriacano le encantaba ver a un estúpido militarote alemán,
delgado y tieso como un garrote metido en su uniforme demasiado estrecho y
escupiendo frases recortadas como un autómata telegrafista. Con el monóculo
puesto que le obligaba a mantener una mueca de imbécil que sólo alteraba cuando
las curvas de una bella señorita le provocaban hacer alarde de machismo y el
monóculo se le caía. Una figura grotesca de la misma familia que el gato Fritz,
“Fritz the cat“, y ambos sólo con
su acento marcado de teutones eran capaces de provocar las risas del público
inglés. Con el Junker se logró definir un arquetipo antiheroíco que contrasta
notablemente con el generoso y divertido H. Bogart quien luce superioridad
moral e intelictual en la película
Casablanca.